top of page

León grita con fe a la Virgen María por mejores tiempos



Nicaragua es un país convulso. Le ha tocado vivir años de conflictos políticos y bélicos, pero también es creyente. Es una nación conquistada por el cristianismo y por tanto es un país mariano.


Según la historia, la venerada imagen de la Concepción de María, llegó al país en el año de 1562, cruzando los mares, desde España para llegar a Perú, pero debido a una depresión tropical su ruta cambió y la llevó a Puerto de La Posesión, ahora llamado El Realejo en Nicaragua, tierra de indígenas y mestizos, pero conquistada por los españoles, quienes promovieron la fe y amor a la virgen con la evangelización.


Es una cultura religiosa que surge desde principio del siglo XVIII y con ella nace la celebración de la tradicional gritería a la Inmaculada Concepción de María, un evento que reúne a las familias nicaragüenses como acción de agradecimiento por los favores recibidos, es la fiesta de “La Gritería”, donde la imagen se celebra con mucha fe y devoción este 7 y 8 de diciembre, día en que miles de devotos recorren las calles y visitan diferentes altares en templos y casas en honor a la Virgen María.


La devoción del pueblo indígena de Sutiaba


Con la llegada de Monseñor Rodrigo Urbina a la Iglesia San Juan Bautista de Sutiaba, se ha visto el manifiesto de amor a la Virgen con las multitudinarias novenas en los diferentes sectores del poblado.


Altares coloridos son una tradición, como el de doña Eudilia Martínez Espinoza, originaria del barrio indígena de Sutiaba, quien tiene más de 40 años rezando la novena de la virgen dedicada a los niños. Esa es una promesa que hizo por la protección de sus hijos, quienes se vieron en peligro en los años 80 en los campos de guerra, y graves problemas de salud durante la pandemia del Covid 19.


Esta ferviente devota de la Virgen María, dice que no pudo festejar a su intercesora los últimos dos años, tras contagiarse con el mortal virus del que asegura logró sobrevivir por un milagro que la Virgen le concedió y por ese favor, seguirá cumpliéndole con “La Gritería” dedicada a las personas de la tercera edad.


“Es una devoción de familia, le prometí a la Virgen que seguiré transmitiendo el amor a ella con el rezo de la novena porque nos dio el Covid-19 y ahora estamos aquí porque somos muy creyentes”, manifestó la devota.


Esperanza por mejores días


Doña Cándida Gutiérrez, devota también de María, ha estado presente en todos los novenarios pidiendo por la sanación de los corazones duros y la transformación del país. “Pedimos a la virgen María que sane los corazones de muchos que viven en tinieblas porque no tienen fe, ni amor a Dios, menos al prójimo, y a Nicaragua, y por eso pasan tantas cosas, pero si seguimos orando, esto va a cambiar en nombre de Jesús y su madre”, destacó.


La rezadora Rosa María Ruiz, lo hace con devoción desde hace 20 años. Una tradición familiar que aprendió de su mamá, quien fue devota, cantora y mayordoma de la Virgen de los Peregrinos en Sutiaba.


El origen de esta fiesta, en su versión nicaragüense, se remonta al año 1742 y surgió en la iglesia de San Francisco de la ciudad de León. Sin embargo, la fe se fortaleció desde aquella erupción del volcán Cerro Negro en 1947, cuando ofrecieron la Gritería de Penitencia para que cesara la furia del coloso

Σχόλια


bottom of page