• Redacción Central

La odisea de una familia venezolana varada en Nicaragua


Foto referencial

Luego de la tragedia acontecida el pasado 28 de julio en la cuesta de la Cucamonga en Estelí, donde fallecieron 13 migrantes venezolanos, la familia Quintero originaria de Maracaibo, Venezuela, sigue varada en Nicaragua. Viven prácticamente de la caridad de los pobladores quienes le abrieron sus puertas para tener un techo donde albergar a sus nueve miembros; mientras recogen el dinero suficiente para seguir su viaje hacia Los Estados Unidos.


Yulibeth Quintero de 45 años, llegó a Nicaragua junto a sus esposo, sus hijas, sobrinas, primos y nietas, era una familia compuesta por 11 miembros, pero el viaje lo harán solo 9 personas, porque un primo y su hija de 12 años, perecieron en el fatal accidente. La historia de esta familia ha estado marcada por la vicisitudes desde que salieron de su país, comenzando que tuvieron que vender todas sus pertenencias, incluyendo su casa para poder emprender el viaje hacia “el sueño americano”.


“Le hacemos un llamado a los países por donde pasan los migrantes a que nos traten con más humanidad, que sean más conscientes con nuestra situación, porque nosotros no venimos emigrando porque queremos exponer a nuestras familias ante todo el peligro que pasamos, si nosotros venimos emigrando es porque la situación de nuestro país no nos permite estar allá”, sostuvo Quintero.

“Nosotros salimos de Venezuela por la inseguridad, la falta de educación, el Covid 19 nos afectó mucho porque mis hijas estuvieron graves, mi esposo no conseguía trabajo en ningún lado, la crisis se fue incrementando un poco más, todo más caro, y por eso tuvimos que salir de nuestro país, aunque en el camino tuvimos muchos tropiezos, pero creemos que todo esto han sido pruebas que Dios nos pone para ser mejores personas. Veníamos como 32 personas venezolanas, y muchos ya se han dispersado y otros fallecieron”, relata.



Imagen de la tragedia ocurrida en la cuesta La Cucamonga

Resalta que en este periplo quienes más sufren son las mujeres migrantes por todos los obstáculos que tienen que pasar. En más de una ocasión ella pudo morir ahogada en unos pantanos por la selva del Darién, frontera sur de Panamá, y fue gracias a la ayuda de unos muchachos fornidos pudo ser rescatada.



Otros riesgo que corren es el abuso sexual, a lo que se suma situaciones incómodas como infecciones vaginales contraida en su tránsito por los ríos y la llegada del período menstrual.


“Los indígenas del Darién nos vendían las toallas en un dólar, los pampers en dos dólares, hasta el agua para beber nos vendían como si viniéramos con mucha plata”, lamentó la suramericana.

Asegura que de Panamá hasta Nicaragua muchas personas han sido benevolentes con ellos. Para continuar con su viaje siguen esperando que les regresen sus documentos de identidad, porque en el accidente en Nicaragua los extraviaron.



Está agradecida con los alimentos que reciben de nicaragüenses porque se han ganado la voluntad, aunque porque asegura estar consiente que muchos migrantes han cometido muchos errores.


“Les hago un llamado a los hermanos migrantes que colaboren y no hagan desastres en los países por donde van pasando, traten de hacer amigos, sean agradecidos con las personas que les brinda una mano”, sugirió la venezolana.

Esta familia migrante asegura estar muy agradecida con el pueblo de Nicaragua por el trato que han recibido junto a sus compatriotas, que aunque les sugirieron que no busquen las iglesias, por no ser un lugar seguro en este país, les han abiertos las puertas de algunos hogares de Estelí, donde aún se mantiene mientras siguen su camino.

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