Niñez nicaragüense víctima de la migración forzosa



Para la segunda semana de noviembre de este año, está previsto que un grupo de managuas, originarios de un barrio oriental de la capital, saldrá en horas de la madrugada, con el objetivo de llegar “mojados” a Los Estados Unidos, para poder garantizar un mejor futuro a su familia.


Entre estas personas va “Aminta”, quien prefiere que la llamen así, por asuntos de seguridad. En su mente no sale la idea de llegar a trabajar duro estando en suelo norteamericano porque en Nicaragua deja una deuda de un poco más de cinco mil dólares, para pagar al “coyote” y otros gastos de su logística, que incluye la de su niño de 7 años quien va con ella.


Cuenta que desde hace varios días su pequeño se ha puesto inquieto, hasta rebelde desde el día que lo sacó del colegio para decirle que se marcharían del país, sin poderle explicar las razones por la poca comprensión a su corta edad. Asegura que el niño no se quiere ir porque le entristece dejar a sus amiguitos del barrio.


“Emocionalmente estoy fatal porque además de las deudas, tengo que lidiar con el carácter de mi hijo, porque llora y está más necio, porque tiene miedo ir a un lugar desconocido. La verdad yo no me quiero ir, pero la situación en Nicaragua no está para más, y el año que viene será peor. Si yo me fuera sola sería diferente, pero mi mamá no está en condiciones para cuidar a mi hijo, por eso me lo llevo”, sostiene “Aminta”.

A criterio de una sicóloga de Managua, este proceso de cambio de las criaturas, es muy difícil para los padres de familia, porque no han trabajado en esas partes, por eso en esa larga travesía los niños pasan por un proceso de ansiedad por la presión de pasar por lugares desconocidos, aunque vayan con la madre a la par.


“Recordemos que hay casos de niños que han sido abusados en el camino, incluso han muerto, también hay niños que se han perdido en México y curiosamente entre el rango de edades de entre 7 a 9 años, y muchas veces el padre o la madre siguen el camino, no se detienen. Hay muchos factores de riesgo cuando te llevas a tus hijos por la vía irregular”, sostiene la experta.


Asegura que los niños son las víctimas más vulnerables de los éxodos masivos porque preguntan por qué se van y dejan sus casas, sus clases y amiguitos, y muchas veces no se tiene la habilidad de explicarles que todo eso es parte de un proceso de separación de sus comodidades por un determinado tiempo, porque una vez estando en otro país el niño se mantiene encerrado, mientras los padres trabajan.


“Yo estoy trabajando con tres niños en líneas, y lo que encontré es que ellos se miccionan (orinan) , y tienen problemas de anorexia, incluso uno de ellos que tiene 6 años ha bajado nivel académico allá, por el mismo cambio brusco de cultura y costumbres. Él me dice que allá ni siquiera ha podido jugar fútbol y llora porque quiere regresar a Nicaragua, porque lamentablemente él no puede manejar sus emociones”, indica la sicóloga.

Ante estos nuevos desafíos, recomendó que se debe de ir trabajando con los menores que van a salir del país de forma irregular, tratar con ellos y hacerles ver que esto es un proceso de sobrevivencia, y que tienen que ir a trabajar para darles un mejor nivel de vida y que sus padres siempre estarán apoyándolos en todo momento, todo esto usando con un lenguaje claro y sencillo hacia el menor.