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La misión profética de la Iglesia: entre el destierro y la esperanza

  • Esta es una publicación de la Alianza Colaborativa #RedesDeNicaragua conformada por los medios de comunicación IP Nicaragua y Fuentes Confiables



Alianza Redes de Nicaragua


El 3 de agosto de 2021 el padre Edwing Román ya no pudo volver a su parroquia San Miguel Arcángel en Masaya, una ciudad ubicada a unos 28 kilómetros al sur de Managua. Después de un viaje de 10 días a Miami se vio obligado a quedarse “exiliado” en Estados Unidos, debido al acoso y las amenazas constantes en su contra y la misma Iglesia.


“Tuve que quedarme porqué las amenazas habían arreciado más”, recuerda.


El presbítero católico tuvo que asimilar la situación. En retrospectiva y después de 25 meses reconoce que es algo difícil para él, pues dejó su trabajo pastoral de muchos años en su querida Masaya, un departamento de mucha tradición, fe y cultura. “Me hace mucha falta”, dice nostálgico.


Durante la rebelión de abril, Masaya se convirtió en un foco de resistencia y desde el inicio inicio de la represión gubernamental la parroquia de San Miguel Arcángel, en ese entonces dirigida por el padre Edwing Román, ha sido fuertemente atacada y asediada por la Policía.



“Recuerdo que yo entré en crisis y monseñor (Silvio) Báez me dijo algo que me quedó grabado: el pueblo de Dios está donde quiera. Y es cierto, el pueblo de Dios está en todas partes”, expresa esperanzado el religioso.


La fe en el exilio

Actualmente, el padre Román no tiene a cargo una parroquia. Ofrece su ministerio en la Iglesia Santa Agatha, donde también reside. Además colabora con otros templos católicos cercanos. “Aquí en Miami estoy sirviendo a la Iglesia” comenta.


Aunque el régimen ha querido acabar con la Iglesia católica en Nicaragua persiguiendo y encarcelando a los religiososa sus sacerdotes, encarcelando obispos, embargando cuentas bancarias de las diócesis y prohibiendo procesiones, lo que ha logrado es que la semilla de la fe germine en varias partes del mundo.


“La fe la llevamos y esta fe, como es esa semilla, vamos regándola por donde vamos como el sembrador que va tirando la semilla de la fe (…) En mi caso Masaya, allí yo era el sembrador de la fe y siento como esa plantita que fue arrancada con todo y raíz y colocada en otro sitio, así siento el destierro”, refiere el padre Román.



El padre Marcos Somarriba, párroco de la iglesia Santa Agatha en Miami y exiliado de Nicaragua en los años 70, coincide con el sacerdote Román y asegura que la fortaleza de la Iglesia y sus ministros es la universalidad. “Nadie puede desterrar la fe, lo que pueden desterrar es al fiel pero nunca la fe y eso nunca lo van a lograr”, advierte.



“Nos apegamos al Dios que fue el primer exiliado, Jesús (…) Así ha sucedido con muchos nicaragüenses, cubanos y venezolanos. Pero nos comparamos, lo hablamos y encontramos esperanza en eso”, destaca el sacerdote nicaragüense.


Un laico que mantiene viva su fe en el destierro

«Yo crecí en la Iglesia católica, desde que estaba en la barriga de mi mamá», dice Manuel Antonio Obando Cortenado mientras escucha en vivo a través de una transmisión en Facebook, la novena a la Virgen de La Merced. Antes del 9 de febrero, día que fue desterrado por profesar su fe católica, él acudía personalmente a esta celebración, ahora desde el exilio sigue firme y convencido que es católico.


Obando se encuentra en Michigan, Estados Unidos, país donde se estableció tras ser desterrado y desnacionalizado. Iba en el grupo de los 222 presos políticos.


Ser parte del equipo de comunicación de monseñor Rolando Álvarez lo puso en la mira y lo llevó a la cárcel el 11 de diciembre de 2022 y posteriormente al destierro. Estuvo tres meses detenido en la Dirección de Auxilio Judicial, una cárcel conocida como «El Chipote», en Managua, donde fue sometido al menos unos diez oficiales lo interrogaban durante los primeros días.




«A mí me tocó cargar la cruz de la cárcel por el servicio a la Iglesia, pero ahora probamos un poco desde la resurrección, no sólo por el hecho de salir de las celdas y encontrarte en libertad, aunque lejos de tu país, pero al menos probando libertad. Aún así hay una cruz, hay un sufrimiento de por medio que te toca vivirlo en la fe», asegura el joven de 28 años, quien ahora trabaja en un restaurante de comida rápida para sobrevivir económicamente.


Desterrado y desnacionalizado

Obando asegura que su destierro empezó la noche del miércoles 8 de febrero. Había movimiento y murmullos en todas las celdas, y en horas de la madrugada un oficial le pidió que se vistiera rápido y lo montaron a un bus con rumbo al Aeropuerto Augusto C Sandino.


«A las 6:30 de la mañana despegó (el avión) desde la pista del aeropuerto internacional y uno de los sacerdotes en ese momento hizo una oración por Nicaragua y se cantó el Himno Nacional. Empezó el viaje de la libertad», recuerda Obando Cortedano.


Afirma que sigue orando por la iglesia de Nicaragua y por los sacerdotes, incluso en sus redes sociales lleva un recuento de los días que monseñor Rolando Álvarez lleva encarcelado.


Para Obando Cortedano, frente a los «poderosos» de Nicaragua el «pecado de la Iglesia ha sido estar con la gente».


«Acompañar a la gente y que la Iglesia siempre desde todo momento hiciera lo correcto, se le buscó (a la Iglesia) en los momentos más duros para ser mediadora y testigo de un diálogo nacional y la Iglesia hizo su trabajo, era mediar y ser testigo», afirma Obando Cortedano.


El secuestro del obispo Álvarez

Cuando Monseñor Rolando Álvarez fue secuestrado el 19 de agosto de 2022, y trasladado a Managua, Obando estaba recién operado de la vista, ni siquiera podía ver lo que ocurría, únicamente escuchaba.


«Fue doloroso como fue sacado de la curia y los demás que estaban con él llevados a Auxilio Judicial. Fue una cruz también para mí, acompañada de la oración (…) Yo en el corazón sentía que también a mí me iba a tocar vivir de alguna manera eso que él ya estaba viviendo», recuerda Obando.


El obispo, condenado a 26 años de cárcel en un juicio plagado de arbitrariedades, permanece encarcelado en el Sistema Penitenciario Jorge Navarro, “La Modelo”, en Tipitapa.



«Monseñor Rolando Álvarez para mí es un padre, un pastor, es mi obispo y además es un amigo, un guía espiritual, que no sólo con las palabras sino con el testimonio de fe ha seguido y ha dado ejemplos de Cristo», dice Obando quien inició a trabajar con el sacerdote en 2011.


En 2015, el obispo le dio la oportunidad de ser el coordinador de los medios de la Diócesis de Matagalpa.


Una política de Estado

Desde 2018, año en que se desataron las protestas cívicas en oposición a unas reformas a la seguridad social, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desataron una ola de ataques en contra de la Iglesia católica que se puso al lado del pueblo, y desde entonces hay sacerdotes desterrados, encarcelados, exiliados, y quienes permanecen en Nicaragua, son vigilados y acosados.


La abogada e investigadora Martha Molina, explicó que “la Iglesia católica siempre ha estado expuesta a adversidades y enemigos unos débiles y otros sanguinarios como la dictadura Ortega-Murillo».


«La dictadura durante cinco años ha hecho de todo para destruir a la Iglesia católica, desde bañar con ácido a un sacerdote de la tercera edad hasta congelar sus cuentas bancarias y la Iglesia católica continúa inmutable”, dijo Molina, quien se ha especializado en documentar los ataques al clero católico en el país centroamericano.


La autora del estudio Nicaragua: ¿Una Iglesia perseguida?, entre abril de 2018 y marzo de 2023 registra 529 agresiones en contra de la Iglesia católica, sin embargo, la cifra varía debido a los recientes ataques como el ocurrido con la cancelación de la personería jurídica de la Compañía de Jesús.



«La dictadura Ortega-Murillo destierra a sacerdotes y religiosas, pero en el país se están formando nuevas vocaciones y ordenando a nuevos diáconos y presbíteros que son enviados a nuevas misiones y, muchos de ellos, a iglesias que quedaron momentáneamente sin su pastor, porque estos tuvieron que huir del país para resguardar sus vidas”, señala Molina.


Exilio forzado de sacerdotes

Los nicaragüenses comenzaron el 2019 con el exilio del primer obispo, monseñor Silvio Báez, producto de este clima adverso contra la iglesia y la persecución en su contra.


El obispo de la Diócesis de Danlí, Honduras, monseñor José Canales, quien sigue de cerca los ataques del régimen dice que “están atacando a las estructuras de la Iglesia, a quienes han sido y son sus pastores».


«No podrán jamás suprimir en el corazón de los nicaragüenses su amor a Jesucristo y la Iglesia, hasta ahí no van a poder llegar”, sostiene monseñor Canales.


El obispo hondureño también reciente que se niegue el ingreso a los propios nicaragüenses y es «un atropello de los más crueles». «Por algo el Papa (Francisco) dijo que se trataba de una dictadura grosera”.


“Eso es algo inédito en la historia de la comunidad internacional, porque que se le niegue al país el ingreso a un extranjero, bueno puede haber muchas razones, y cada país tiene la libertad de permitir o no el ingreso de ciudadanos de otras nacionalidades, pero que no se permita en Nicaragua entrar a los que han nacido allí, eso no tiene nombre”, dice el jerarca católico de Honduras.


Los ataques a la Iglesia en Nicaragua

El Colectivo de Derechos Humanos, Nicaragua Nunca Más, en su informe titulado Violaciones a la libertad de culto y pensamiento: Ataques a la Iglesia Católica y a la feligresía católica en Nicaragua, identifica cuatro etapas de la represión contra la Iglesia.


“Los golpes son diarios, es difícil de medir el impacto que cada nicaragüense, asociaciones, gremios y en general la población está sufriendo en Nicaragua. Entre ellas, instituciones como la Iglesia católica, que tiene 500 años de tener presencia en Nicaragua, cuando Nicaragua ni siquiera todavía era una nación”, refiere el obispo Canales.


Asimismo, monseñor Canales sostuvo que “es una prueba de las más dura que ha recibido la fe católica en la historia del Continente Americano”.



El Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las ONU, Volker Tüker,en su informe actualizado sobre Nicaragua, detalla un deterioro generalizado de la situación en el país centroamericano.


El Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor) cerró 12 medios de comunicación asociados a la Iglesia católica. En juicios donde no se respetaron las normas procesales, cinco sacerdotes, dos seminaristas y un camarógrafo fueron condenados a 10 años de prisión por los delitos de atentado contra la integridad nacional y propagación de noticias falsas.


“No vamos a negar que la huida que han tenido muchas congregaciones religiosas, femeninas y masculinas de Nicaragua, está repercutiendo severamente en la vida y en la pastoral de la Iglesia en Nicaragua, negarlo sería no vivir la realidad”, reitera Molina.


Molina reconoce que “es doloroso para los laicos y religiosos todo lo que les sucede”.


¿Qué pasa en las comunidades?

El padre “Juan” es un sacerdote nicaragüense que tenía a su cargo más de 20 comunidades en la zona norte de nuestro país. Su labor pastoral alcanzaba a más de cinco mil personas. Salió de Nicaragua por amenazas del régimen de Daniel Ortega y asegura que la evangelización de la Iglesia se encuentra amenazada.


“Hay mucha dificultad para evangelizar, los sacerdotes tiene que salir con mucha dificultad y cuidado a sus misiones. Ahora mismo estaba la misión de la virgen de Fátima y no hubo permiso para peregrinar, sino que el sacerdote debe trasladar la imagen a otra comunidad y la gente la espera dentro del templo, de noche no se pueden hacer vigilias”, describe el religioso.




Cuenta que junto a sus fieles en algunos momentos atendían las necesidades de personas pobres de los hospitales, se les brindaba asistencia espiritual y material. “Todo lo hacíamos coordinado con las pastorales y apostolados”, rememora.


El religioso asegura que la Iglesia en Nicaragua vive en carne propia el pasaje evangélico donde se hiere al pastor y se dispersa a las ovejas. “Sabemos que Dios cuida su rebaño y gracias a él y a su misericordia la misión se sigue llevando”, refiere.


Las prédicas de los sacerdotes también está limitada por las amenazas constantes que reciben. “En Nicaragua estamos viviendo con prudencia y cuidado, los sacerdotes ahora no pueden decir mucho porque corren el riesgo de ser exiliados, como es mi caso”, puntualiza.

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